OCTUBRE: EL ARTE DE SOLTAR COMO LAS HOJAS

 


 Octubre llega con un lenguaje propio. No habla con palabras, sino con hojas que se desprenden de los árboles sin hacer ruido, con tardes que se tiñen de un color distinto, con ese aire que parece decirnos que nada está hecho para quedarse siempre igual.

Hay algo profundamente hermoso en cómo la naturaleza nos enseña a soltar. El árbol no se aferra a cada hoja como si fuera indispensable, tampoco se lamenta cuando el viento se lleva lo que un día le dio sombra. Simplemente entiende que hay ciclos, que para seguir creciendo necesita dejar espacio, que la belleza también existe en el acto de dejar ir.

Y entonces octubre nos mira, como preguntándonos:
¿Qué es eso que todavía cargas y que podrías soltar?
¿Qué cosas llevas en los bolsillos del alma que ya pesan demasiado?

A veces son recuerdos, a veces son miedos, a veces son palabras que nunca nos dijeron pero que seguimos esperando. Otras veces son rutinas que ya no nos hacen bien, culpas que no nos pertenecen, promesas que no se cumplieron. Lo cierto es que todos tenemos hojas secas que guardamos aunque ya no den vida.

Soltar no siempre es fácil. No se trata de olvidar de un día para otro ni de forzarnos a no sentir. Se trata de aprender a abrir las manos poco a poco, a dejar que la vida respire a través de nosotros, a confiar en que cuando algo se va, también se abre un espacio para que lo nuevo encuentre su lugar.

Octubre nos enseña que soltar no es perder. Es darnos permiso de cambiar, de ser más ligeros, de caminar sin tanto peso. Porque igual que los árboles, nosotros también necesitamos dejar ir lo viejo para poder florecer otra vez.

Así, octubre se convierte en un recordatorio tierno pero firme: la vida no se trata de acumular, sino de aprender a dejar espacio. Y cada hoja que cae nos recuerda que hay belleza también en lo que se va.

Este es el segundo paso en este recorrido por los meses mágicos del año. No te pierdas lo que viene: noviembre nos hablará de la dulzura que se queda en el aire y diciembre del calor que llevamos dentro.

Por ahora, deja que octubre te acompañe. Mira cómo caen las hojas y permítete soltar también lo tuyo. Porque, al final, lo que se queda no es lo que pesa… lo que se queda es lo que da vida.

Con cariño, 
L. Luna

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